Sobre el Ni Una Menos y el pañuelo


Soy muy autoreferencial


Aparezco por acá cuando tengo algo para decir. En realidad, cuando todo lo que tengo para decir puedo ordenarlo lo suficiente para que tenga sentido y no nos perdamos, ustedes y yo, en mis divagaciones sin hilo conductor. 

Hoy tengo algo para decir. 

La primera vez que me depilé las piernas fue a escondidas de mi mamá cuando tenía 11 años, porque un chico más grande que yo en el club a donde pasaba mis tardes de verano me dijo -me gritó- que tenía pelos largos y que en la cara tenía patillas "como de hombre". Creo que ese fue mi contacto más crudo y directo con el asco hacia mi naturaleza. 
Cuando damos nuestros primeros pasos hacia la adolescencia, las mujeres, tendemos a chocarnos con los problemas de ser naturales. El sufrimiento se convierte en un condimento habitual para nuestra vida y recuerdo preguntarle a mi madre mientras me ponía cera caliente en las áxilas: "¿en serio hay que hacer esto el resto de nuestras vidas?"

Cuando tenía 16 conocí lo que era una relación tóxica, no de primera mano, sino porque lo vi a través de una amiga. Cosa que, de algún modo, a veces parece doler el doble.
En la secundaria entendí que había adultos que realmente creían que las mujeres nos "merecíamos" ciertos tratos debido a como nos vestíamos, o eso nos dijo una profesora de inglés.

Hace unos años, ya de más grande, me enteré la historia de vida de una de mis abuelas. Una niña a la que llevaron a vivir a Buenos Aires a los trece años, a la casa de una familia desconocida y adinerada, para que trabaje limpiando. Una mujer que luego sería la cuidadora de 7 hijos: 6 niños y mi abuelo. Era la que limpiaba, la que cocinaba, la que cocía ropa, y la que cuidaba. Esa misma mujer vivió conmigo un mes el año pasado, por primera vez libre de las presiones del hogar, y falleció veinte días después, sin conocer mucho descanso en su vida. Qué absurdo pensar que a alguien tan trabajadora hoy le querrían sacar su jubilación. 

Historias como esas conozco millones, desgraciadamente. Eso me lleva a mi reflexión de hoy. 
Hace 9 años, el 3 de Junio se convirtió en el día de Ni Una Menos, conmemorando la primera marcha masiva alrededor de nuestro país. Un evento que no apareció de la nada, sino que fue la respuesta ante el hartazgo. Hartas de que nos maten, nos violen, nos violenten. 

El pañuelo: El símbolo político que une a las mujeres argentinas


Uno de los simbolos de lucha más grandes y representativos en la política argentina es el pañuelo blanco, fruto de la lucha de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo durante los hechos de terrorismo de Estado ocurridos entre 1976 y 1983. Mujeres que, en su carácter de Madres y Abuelas, lideraron uno de los movimientos más grandes del país (que hasta el día de hoy molesta a unos cuantos). El primer pañuelo aparece en Octubre de 1977, ante la necesidad de un simbólo para las Madres reunidas. Los primeros fueron hechos con tela de pañal, en clara representación a esos hijos y nietos que fueron arrebatados de sus hogares, universidades y de la vida pública. 

Y quiero que se entienda mi admiración ante este gesto. ¿Podemos dimencionar lo gigantes que son nuestras Madres y Abuelas, que ante la consigna "no se pueden hacer reuniones, tienen que circular" se pusieron a dar vueltas en una plaza y adoptaron un pedazo de tela como símbolo eterno de lucha?

Luego estos pañuelos empezaron a llevar inscripciones, desde el nombre de los desaparecidos hasta consignas como "¡Vivos los queremos!" "¡Aparición con vida!" y más. 
Imposible de medir, para mí, el alcance de las acciones de mujeres tan corajudas para su época. Hace no mucho nos tocó despedir a Norita Cortinas, quien luego me enteré que su lugar en la política no era significativo y no distaba mucho del resto de mujeres argentinas. Se había casado a los 19, tenía dos hijos y un marido a los que atendía y daba clases de costura. Un poco parecida a mi propia abuela. Hasta que su hijo mayor desapareció, y su lugar en la política argentina, su lugar en este mundo, cambió para siempre.  




Años después, en 2005, se propusó heredar el pañuelo blanco como símbolo representativo de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Claro que su uso se popularizaría en 2018, ante el empuje por llevar esta ley al Congreso Nacional por los diversos colectivos feministas, entre ellos el movimiento Ni Una Menos, columna principal de la lucha feminista en Argentina. 
A partir de que se puso en boca de todos el debate, las vida cotidiana se llenó de color verde (un color que ya había sido adoptado por las primeras sufragistas inglesas en el Siglo XX). En el transporte público, en las calles, en nuestras universidades y colegios (a escondidas, si era una institución católica) los pañuelos adornaron nuestras muñecas, nuestro pelo, nuestras mochilas. Así como supo adornar las cabezas de Madres y Abuelas. Se convirtió en un accesorio infaltable en la vida de las mujeres que adherian a la promulgación de esta ley. 

Una vez más, las mujeres nos reconociamos en la calle entre nosotras por el uso de un pedazo de tela. 

A riesgo de volver a ser autoreferencial, recuerdo que en mi ciudad, en Santa Fe, conseguir el pañuelo verde se convirtió en una odisea. Sabíamos que se conseguían en marchas, que su precio era simbólico, que se agotaban rápido, pero no fue hasta un día a media mañana, que con un grupo de compañeras encontramos un movimiento que publicó que iba a estar vendiendolos en el patio de la UNL, en el edificio de la Facultad de Abogacía. Y así, colectivamente, juntamos plata (no recuerdo si eran $200) y dos compañeras se encargaron de buscarlos para casi toda la clase. Porque el feminismo también significó eso para todas las chicas como yo que lo conocimos recién en 2018, a nuestros catorce años. Significó hermandad, solidaridad, unión con nuestros pares ante un mundo que recién se nos presentaba como no muy amable con nosotras. 


“La vida en verde”. Buenos Aires, Argentina. Fotografía: Vale Dranovsky y Lucia Prieto. http://revistaanfibia.com/cronica/la-vida-en-verde/

Maquillaje. 28M 2019. Foto: Karina Felitti


Así, nuestros pañuelos nos acompañaron a cada marcha, a cada debate que nos juntabamos a ver. Nos vio llorar ante la primera negativa por el Senado en 2018 y nos vio, tambíen, llorar de felicidad con la promulgación de la ley en 2020. 

También su figura se desdibujo un tanto cuando, desde el sector opositor, se adoptó el pañuelo celeste por la "lucha por las dos vidas", y luego por la separación de Iglesia y Estado, o hasta por la lucha contra el maltrato animal. Yo ya no me ofendo ante esto, sino que creo que este fenómeno solo habla de la inmensidad del movimiento feminista, y es la adopción de esta "tendencia" una mera respuesta natural ante un artículo de moda. 


Nueve años después


En términos de historia, nueve años no son nada. En términos de historia argentina...bueno. 

Parece ser que solo este período bastó para poner, nuevamente, en jaque los derechos de las mujeres. Ya lo dijo Simone De Beauvoir :

“No olvidéis jamás que bastará una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres vuelvan a ser cuestionados. Estos derechos nunca se dan por adquiridos, debéis permanecer vigilantes toda vuestra vida”.

Nuestra realidad material nos enseña que nuestra vida se basa en la lucha constante. Luchamos por nuestros derechos a lo largo de toda nuestra historia. Nos cansamos de hacerlo, también. Ya hace rato admitimos que esos años de constante pelea nos gastaron. No las convicciones, sino la energía. Muchas de nosotras dejamos de marchar tanto, discutir tanto. Admiro a mis compañeras que nunca lo hicieron, me da vergüenza saber que yo sí, y me motiva saber que siempre puedo volver a ese lugar donde tanto aprendí y donde las puertas nunca se cierran. 

Seguramente, toda la vida haya que seguir luchando. Pero hoy esa noción me reconforta. Entender que no vamos a desaparecer, al contrario, que toda la vida nos van a ver. Con nuestros pañuelos, que nos unen. Con nuestro cuerpo, herramienta de lucha. 

Desde la moda, la historia, la cultura, nuestro lugar de resistencia nunca dejará de ser la calle. 





Comentarios

Entradas populares