Why women can´t enjoy things: sobre el "Coquette"


Desde que tengo memoria, mi mamá me viste de color rosado, con remeras con puntilla y cancanes blancos abajo de polleras de corderoy o denim. 
Desde que tengo uso de razón, odio vestirme así. Lo hiper-femenino me genera rechazo; vestirme "como nena", tener el pelo hasta la cintura, no poder andar descalza y siempre tener las piernas cruzadas. No insultar, no gritar. No, no, no. 

Eso pienso a los diez años. 

Cuando tengo catorce, me corto el pelo por los hombros. Mi mamá llora por la pérdida, pero yo celebro lo que sería el principio de la búsqueda de mi estilo personal. Mis remeras ahora tienen estampas con logos de bandas de rock, mis jeans se empiezan a romper en las rodillas y con mis amigas planeamos enrrollar el dobladillo de la pollera de la escuela para hacerla más corta. Lo único que parece conectarme a la inocencia de mi edad es mi gusto por las boybands. Dios bendiga a las boybands. 

Hoy tengo veintiuno, y parece que no aprendí nada. Literalmente escribí en mis objetivos del año "experimentar con mi estilo personal". De ahí a que el "coquette" llegue a mi vida en forma de videos de Tiktok, pins de Pinterest virales y las mismas tres prendas que se repiten en todos los locales de ropa a los que voy.

Por primera vez, el auge de lo femenino me gusta. A mis amigas les digo "hermanas" y las cosas "de chicas" se resignificaron en ese algo en común que tenemos todas. Hay algo en el aire que hace que las mujeres disfrutemos el ser femeninas. Así que yo empiezo a agregar prendar de colores claros a mi guardarropas, telas de encaje y blusas con volados. A veces combino algo de eso con un remeron negro que tiene la cara de Jim Morrison estampada y adhiero a la micro-tendencia hermana, el "punkette", y me río del absurdo juego de palabras. 

Un poco de historia

Del francés, "coquette" signifca coqueto. No tiene un punto de incio determinado, como muchas de las tendencias que nacen de la viralización de las redes sociales. Es, más bien, un estilo que surge a través de otros y debido a varios sucesos previos. Desde el 2021, la tendencia de la hiperfemeneidad está en alza. Además, con el Harajuko en Japón que integra elementos infantiles, la vuelta del maximalismo y el rechazo al minimalismo, ahora está de moda querer más. Más capas en nuestros outfits, más decoración en nuestros hogares, más colores, más. Una particularidad que bien nos puede remontar al Rococó de mediados del siglo XVIII, donde la opulencia se hacia notar en un estilo teatral, dramaticamente ornamentado, exhuberante.
 
El estreno de la película "Barbie" de Greta Gerwig, o "Priscilla" de Sofia Copolla. La vuelta de los 00s y el tiro bajo, los brillos en los ojos que Emilia puso de moda. La colección "balettecore" de Jacquemus. Un rejunte de elementos y de historia que nos trajeron acá. 
Ahora los moños, el rosado, los volados y el encaje son la tendencia. Las chicas pedimos a gritos la vuelta de las rom-coms, nos damos cuenta que casi ninguna de nuestras experiencias como mujeres es singular y aprendemos a abrazarnos a nosotras mismas y a nuestros pares. Nos regocijamos en la hermandad.

Todo esto, contrariando nuestra realidad material. Hay varias teorías de que este tipo de tendencias es meramente una forma de escapismo de nuestro presente, creada desde la pura nostalgía e intento de volver a nuestras infancias. 
Si es así, no nos culpo. El mundo fuera de nuestro círculo íntimo no es color pastel. 


Jacquemus, Ready-To-Wear
Fall 2023
Revista FRUiTS. Nanyoppe,
estudiante de 14 años.
Retratro de Madame de Pompadour (1756)
de
François Boucher.


"Girls just wanna have fun": la polémica

¿Qué pasa con el goce femenino? ¿Tanto molesta?

Como conocedora de la materia, entiendo que, hoy por hoy, todas las tendencias desaparecen en un corto plazo y son reemplazadas por otras. Pero la reacción tardía al coquette me llamó la atención en particular porque parece haber despertado un nuevo rechazo a lo femenino. ¿Y no es ese el quid de la cuestión?
Pareciera que todo lo relacionado al poco disfrute que tenemos permitido las mujeres está mal, y ahora el "coquette" es "croquette". De repente, usar moños en la cabeza es ridículo, escuchar Taylor Swift es malo y el monólogo de America Ferrera en "Barbie" no es lo suficientemente feminista. Pero cuándo va a ser suficiente. 

Esas mismas cosas que yo odiaba a los diez años y hoy estoy aprendiendo a querer, nuevamente me son presentadas como malas, dañinas inclusive para el feminismo moderno. No falta aquel que dice que el "coquette" solo es la sexualización de lo infantil, o lo compara con el estilo "Lolita" basasdo a la novela de Nabokov y atruibida su popularización a Lana del Rey. Como si la novela no nos contara sobre la mente perversa de un hombre que ve con ojos lujuriosos a una niña que nunca lo quiso, y cree que "ella lo provocó" (frase utilizada por los verderdaderos perversos), o como si Lana del Rey no fuera una mujer que cuenta su vida a través de su música y admite sus errores de amar mucho y mal, o de consumir drogas, o de sus relaciones turbias con hombres para nada adecuados. Todo esto, mientras se usan vestido lindos. ¿Es esa la interpretación moderna? ¿Vestidos = niñas = sexualización? 



"Los Sopranos" y la estética
Mob-Wife

También, se planteó el punto de los roles patriarcales. Porque claro, las mujeres no queremos otra cosa que profundizar nuestra propia opresión. Según algunos, la femeinidad solo puede significar que nuestro rol es el de madre o esposa, o cocinera o cuidadora. Y si encima nos vestimos de rosa, lo estamos pidiendo a gritos. ¿Cómo se te ocurre ser una mujer de negocios sin ponerte un traje gris? 
En una realidad donde vemos cómo las tendencias "mob wife" y "soccer mom" ganan terreno, no se leen suficientes quejas sobre cómo estos estilos y sus nombres nos relegan al simple papel de "esposa de" o "madre de". ¿Será porque esta estética no incluye tops bordados y parte de un éxito impostado, obtenido gracias al hombre que provee?


En un mundo donde vestirte de traje y ser una "girlboss" ya no es disruptivo, donde las mujeres usando pantalones ya no sorprende y donde la polarización de los géneros está creando generaciones conservadoras, ¿no es vestirse de rosa un acto de rebeldía? 

En resumen, ¿no es divertido vestirnos cómo queremos? 

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